Torturas, hambre y castigos: crisis en el Centro de Adolescentes Infractores de Guayaquil
Adolescentes y madres denuncian golpes, torturas, aislamiento y hasta comida en mal estado que se entrega en el Centro de Adolescentes Infractores de Guayaquil
18.08.2026
I PARTE

Juan lo recuerda como el ‘cuarto chiquito’. Tenía 17 años cuando ingresó a esta celda del Centro de Adolescentes Infractores Masculino de Guayaquil (CAI). Permaneció tres meses internado en 2025 y asegura que durante ese tiempo fue golpeado por uniformados. «Nos meten palo ahí todos los días», recuerda.

Todos los martes las madres llegan hasta el CAI para visitar a sus hijos.
Ahora está libre, pero conserva detalles de aquel espacio, que compartió con otros cinco adolescentes. Según su testimonio, allí había una litera con dos camas y colchones delgados o esponjas. Algunos preferían dormir en el piso porque, según cuenta, resultaba más cómodo.
Torturas y aislamiento en el ‘cuarto chiquito’ del CAI de Guayaquil
El reducido espacio también tenía un baño y una ducha. Juan lo compara con un pasillo. «Uno se baja de la litera y ahí ve la taza del baño», relata. Para hacer sus necesidades, asegura que debía cubrirse con una sábana para tener algo de privacidad.
Según Juan, al ‘cuarto chiquito’ son llevados los adolescentes considerados más rebeldes. Él afirma que fue golpeado con palos por uniformados y que, en ocasiones, el castigo ni siquiera estaba relacionado con una falta cometida por él. Bastaba, según su relato, con que otro interno no respondiera a un funcionario o no se pusiera de pie.
Juan no es el único que habla de la existencia de un espacio utilizado como castigo. El pasado 13 de abril, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) solicitó a la Defensoría del Pueblo, en Guayaquil, una intervención en este CAI debido a presuntos hechos de maltrato.
En el documento, el CDH señala que un grupo de padres acudieron a sus oficinas para denunciar presuntas torturas contra sus hijos por parte de policías en el centro. Uno de los testimonios recogidos por la organización menciona la existencia de un cuarto conocido como ‘número 6’, que habría sido utilizado como espacio de castigo.
«El castigo es sistemático en las celdas de los adolescentes y jóvenes», sostiene Ximena, una investigadora que ha visitado varios CAI del país y que también pidió mantener su identidad en reserva.
Según explica, en algunas áreas del CAI de Guayaquil existen celdas individuales destinadas a aislar a los adolescentes considerados más problemáticos. Son espacios que cuentan con una cama o colchón, pero que no fueron diseñados como dormitorios, lo que genera problemas de higiene.
La especialista señala que estas prácticas están prohibidas por estándares internacionales y que la separación temporal de adolescentes solo está permitida en situaciones excepcionales de emergencia o seguridad. Juan, por ejemplo, asegura que permaneció casi dos meses en ese cuarto.
Del ‘Bob Esponja’ al ‘submarino’: los métodos de asfixia denunciados
Los golpes no serían la única forma de castigo denunciada. Juan relata que fue sometido a una práctica que se identifica como ‘Bob Esponja’. «Me tapaban la cara con una camisa o una sábana, me echaban agua encima y me hacían decir mi nombre», cuenta.
Entre las denuncias recibidas por el CDH también constan presuntos actos de tortura en los que se habrían utilizado fundas con agua, detergente y gas. Una de las madres que acudieron a la organización aseguró que los guías arrojan el agua que los padres llevan para sus hijos cuando alguno de los adolescentes comete una infracción.
Su hijo también le habría contado que sufrió el denominado ‘submarino’. Billy Navarrete, director del CDH, explica que el ‘submarino’ es una práctica de tortura que provoca semiasfixia mediante la inmersión de la cabeza de una persona en agua.
Pablo Coloma, exconsultor de Unicef y abogado especializado en justicia juvenil, asevera que también ha escuchado referencias a esta práctica en el CAI de Guayaquil, aunque aclara que no ha tenido acceso a información adicional que le permita verificar esos casos.
En junio de 2025 visitó estos centros para elaborar un informe junto al Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura de la Defensoría del Pueblo.
El objetivo de ese trabajo fue investigar posibles casos de tortura y tratos crueles, inhumanos o degradantes. La Defensoría del Pueblo informó que el documento final se encuentra en revisión por parte de las autoridades institucionales, antes de su publicación oficial.
Coloma señala que durante sus visitas encontró situaciones que le generaron preocupación. «En ciertos CAI, deliberadamente, los agentes de seguridad penitenciaria permiten el ingreso de cuerpos policiales, por ejemplo, ante alguna pelea o intentos de motín», menciona. También dice que recibió referencias sobre malos tratos durante las requisas.
«Pusimos la denuncia porque los chicos están recibiendo maltrato. Les pegan. Los militares entran a golpearlos, les botan el agua, mojan los colchones y les tiran sus artículos de aseo” denunció otro familiar ante el CDH.
Sara, Mireya y Rita, madres cuyas identidades fueron cambiadas por temor a represalias, también aseguran que sus hijos han sido golpeados en este centro. Las mujeres describen de manera similar a los presuntos agresores: hombres vestidos de negro que, según sus relatos, ingresan, golpean a los adolescentes y luego se retiran.
Ximena admite que durante años ha recibido testimonios de adolescentes infractores sobre presuntos castigos físicos en los CAI de distintas partes del país. Entre las prácticas que menciona están el uso de corriente eléctrica y, recientemente, la privación de alimentos.
Falta de alimentos y comida en mal estado para los internos
Pocas voces se atreven a denunciar lo que ocurre dentro del CAI. Linda, otra madre, decidió hacerlo. «A mi hijo le dieron comida con gusanos», lamenta. Al igual que las otras mujeres, pidió mantener su identidad en reserva.
Uno de los familiares que acudieron al CDH afirmó que desde finales de 2025 los adolescentes reciben comida en mal estado y en cantidades insuficientes. Una denuncia presentada ante la Junta Cantonal de Protección Integral de Derechos de Guayaquil contiene una queja similar.
Al respecto, Coloma coincide en que durante su investigación encontró reclamos generalizados sobre la alimentación y su transporte. «La última comida la reciben, como máximo, a las seis de la tarde. Y la siguiente, al otro día, a las siete de la mañana. Pasan en ayunas hasta 14 horas».
El investigador también cuestiona la conservación de los alimentos. Según explica, en algunos casos la comida llegaría «medio fermentada o con algún olor».
A esto suma la falta de un control nutricional adecuado para determinar si los adolescentes reciben las cantidades necesarias de proteínas, leguminosas y otros nutrientes.
Juan, quien estuvo internado en 2025, corrobora estas denuncias. Según su relato, el desayuno consistía en un pan con colada, mientras que el almuerzo podía ser «una cucharada de arroz» acompañada de una porción de proteína del tamaño de un tercio de su mano. «Salí flaquitito», rememora.
Mireya también cuestiona la alimentación y cuenta que, cuando puede, intenta llevar vitaminas para su hijo.
Durante su investigación, Coloma identificó dos preparaciones que, según los testimonios recogidos, se repetirían con frecuencia en el menú del CAI de Guayaquil: la denominada ‘sopa de cuello’, preparada con pescuezo de gallina, y el ‘salchichón’, un embutido que los adolescentes describían como parecido a una «suela de zapato».
¿Qué dice el SNAI sobre estas denuncias?
El Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI) está a cargo de los 11 CAI que funcionan en el país: nueve masculinos y dos femeninos. Hasta diciembre del año pasado, 619 adolescentes se encontraban internados, según el Informe de Rendición de Cuentas 2025 de la institución.
En ese documento, el SNAI aborda aspectos relacionados con la salud, educación y situación ocupacional de los adolescentes, pero no hace referencia a mecanismos específicos de prevención de tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Se solicitó una entrevista al SNAI para conocer su posición sobre las denuncias de maltrato, la presunta insuficiencia de alimentos y la existencia de un supuesto cuarto utilizado como castigo en el CAI de Guayaquil. Hasta el cierre de esta edición, no hubo respuesta.
El CAI de Guayaquil, sin embargo, no es el único centro que ha sido observado. Sentencias judiciales recientes dan cuenta de denuncias y casos de malos tratos en otras ciudades.
En 2023, un juez de Cuenca determinó que un adolescente internado en el CAI de esa ciudad fue víctima de tratos inhumanos, degradantes y vejatorios. Según la resolución, fue abofeteado por la directora, esposado a una cama y aislado en un denominado ‘cuarto de reflexión’, que no contaba con las condiciones adecuadas. El centro negó las acusaciones.
En 2024, un adolescente del CAI de Loja denunció haber sido golpeado y maltratado por agentes policiales, quienes, según consta en un proceso de habeas corpus, lo habrían obligado a desplazarse utilizando los puños. Estos casos, sumados a los testimonios recogidos por organizaciones de derechos humanos y familiares, mantienen bajo la lupa las condiciones en las que permanecen los adolescentes privados de libertad.

Publicado el Red de periodismo |
